Chicha Mariani ¡Hasta cada momento!

Cuando el domingo 20 de agosto a las 20:30 hs se certificaba el fallecimiento de Chicha Mariani una profunda congoja recorría en gran parte de la sociedad argentina y más allá de nuestras fronteras. Partía una docente que amando su profesión, ganó el amor de generaciones de alumnos en el Liceo Mercante de la Universidad Nacional de La Plata, partía una figura emblemática en la lucha por los Derechos Humanos y que tuvo en su dolor de madre y abuela la capacidad de transformarlo en visión colectiva que se constituyó en fundadora junto a otras abuelas y presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.

Estudiantes, docentes, militantes populares y de derechos humanos incluyendo jóvenes que recuperaron su identidad siendo niños durante su gestión en Abuelas, trabajadores del Astillero Río Santiago luchando contra el vaciamiento de la empresa le rendían homenaje en la puerta del Rectorado de la Universidad de La Plata.

Ejemplo de coherencia, dignidad, valentía y ética inquebrantable definen a Chicha como una figura que nos deja maravillosas lecciones para las actuales y futuras generaciones.

No llegó a tiempo el abrazo con su nieta Clara Anahí pero su amor alcanzó a miles y miles de niños y niñas que recorrieron con ella el camino de construir la memoria, luchar por la justicia e impedir que el negacionismo venciera a la verdad.

Los chicos y chicas de los barrios populares nucleados en el movimiento La Poderosa tuvieron su acercamiento trasmitiendo la fuerza de una inclaudicable voluntad transformadora para una sociedad más justa y en su nombre organizaron la marcha contra el genocida Etchecolatz, por entonces beneficiado con el arresto domiciliario.

Fue querellante y testigo en múltiples juicios por delitos de lesa humanidad, su última declaración ante el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata fue precisamente en el denominado Circuito Camps. Su presencia y su declaración que se prolongó durante más de 3 horas constituye un hito en la historia de la Justicia Argentina.

He compartido los últimos 35 años de mi vida junto a ella y en las distintas circunstancias institucionales o personales y quienes tuvimos este enorme privilegio también tenemos una enorme responsabilidad de seguir su camino, colaborar para la restitución de cada una y cada uno de quienes en su niñez o al nacimiento fueron víctimas de la apropiación dentro del terrorismo de Estado y mantener la persistente búsqueda de Clara Anahí.